“No me considero un artista de taller”. Conversando con José Antonio Hernández Diez

Muestra Chiviados, José Antonio Hernández Diez, 2017. Fotos cortesía de la Galería Estrany de la Mota

José Antonio Hernández Diez, es un artista venezolano (1964) de amplia trayectoria internacional, quien ha participado en numerosas muestras relevantes como las Bienales de Venecia y Sao Paulo, en el New Museum de New York, así como en importantes galerías de New York, Miami, Caracas, Sao Paulo y Barcelona.

Recientemente (2016) mostró sus obras en video de los años 80 y 90, en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, y en la actualidad está exhibiendo sus últimas creaciones Chiviados, en la Galería Estrany de la Mota en Barcelona, ciudad en la que vive desde hace más de veinte años.

Su trabajo siempre ha tenido una fuerte carga social, en momentos religiosa, y sobre todo de desmitificación del llamado gran arte del siglo XX, como es el caso del Minimalismo.

A propósito de su última muestra en Barcelona, tuve la oportunidad de entrevistarlo para conocer un poco más sobre este trabajo, desde sus propias palabras, a continuación les presento nuestra conversación telefónica.

Fidel Gómez: En tu última muestra Chiviados, presentada en la Galería Estrany–de la Mota, en Barcelona, se evidencia un gran sarcasmo, al presentar representaciones de la obra minimalista de Dan Flavin con mangos de madera de objetos utilitarios, como escobas y succionadores o chupones para destapar cañerías, ¿qué pretendes al hacer esto?

Jose A. Hernández Diez: No es la primera vez que me intereso en reinterpretar la obra de los minimalistas, hace años a principios de los 90 hice una gran mandíbula con la que mordía obras de Richard Artschwager, él fué mi primera víctima, fue mi homenaje al minimalismo, mi manera de dejarle mi marca, con un mordisco, era mi impronta sobre el Minimalismo que era una tendencia tan Norteamericana.

Artschwager fué uno de los primeros artistas que trabajó con fórmica, yo por mi parte hice todo en MDF que es un material que me parece muy interesante y se hizo muy popular en esa época, recordemos que los primeros minimalistas trabajaron con materiales más nobles, posteriormente las siguientes dos generaciones trabajan con otro tipo de materiales más vinculados con la manufactura y lo cotidiano. Estos trabajos fueron hechos en la misma época, cuando Félix González Torres estaba también haciendo sus obras tan minimalistas, las obras con los bombillos y los relojes, es algo que siempre ha estado en mi trabajo y lo de dejado de tanto en tanto para ponerme a trabajar con video, con fotografía y después lo voy retomando con nuevas ideas.

Déjame contarte cómo se dan estos trabajos, resulta que yo estaba en Medellín (Colombia) y me encontré con que había una gran cantidad de fábricas artesanales de escobas, y yo ya venía trabajando en las ideas de la reinterpretación del minimalismo, algo muy típico de los artistas caribeños, que les gusta algo y se adueñan. En este proceso estando allá en estos talleres me vino la luminaria fluorescente para hacer estas obras, pero no es tan sencillo ya que no me gusta prefabricar nada.

Chiviados es una palabra colombiana que significa chimbo, imitación, copia barata, y la adopté para hacer estos trabajos inspirados en las grandes obras de Dan Flavin, pero con mi marca personal, es como buscar dejar una huella  y buscarle el lado sensible, el lado humano al minimalismo, que es tan frío y estéticamente tan perfecto.

Dan Flavin se caracterizó por hacer grandes monumentos, sobre los grandes edificios de las grandes ciudades estadounidenses, y mis monumentos no son lumínicos sino de madera, de palos de escoba y chupones de goma, es una forma de hablar de cosas en torno a la grandes obras minimalistas, que muy poca gente sabe. por ejemplo donde quiera que hay una obra de Dan Flavin, el suelo que es donde se refleja la obra debe estar perfectamente limpio, brillante y ¿quién limpia eso y con qué lo limpia? es como contar esa otra historia, como una crítica social también, detrás del gran espectáculo del arte hay obreros trabajando para que pasen las cosas.  

FG: En esta propuesta se evidencia la reafirmación del ready made como medio artístico contemporáneo, redimensionando su uso hasta los límites de lo satírico, incluso los objetos usados remiten a la fuente de Duchamp, donde por otro lado hay cierta desnudez de lo sucio, o aquello que necesita ser limpiado. Succionadores de cañerías, escobas, son artículos de limpieza. ¿Para Hernández Diez qué hace falta ser limpiado?

HD: Sí, creo que son muchas cosas las que deben ser limpiadas, empezando por la sociedad, yo mismo, las personas, el arte. Me interesa esa crítica social, siempre ha formado parte de mi trabajo.

Hay un aspecto que siempre me ha interesado, directamente vinculado con los artistas minimalistas, es que a pesar de hacer un tipo de arte muy racional, las vidas de muchos de ellos se vieron envueltas en escándalos, está el caso de Carl andré.

FG: Sí con el caso de Ana Mendieta.

HD: Claro son cosas que están allí y es interesante tocarlas, porque de alguna forma también son parte importante de la historia del arte, esas cosas me interesa mostrarlas.

FG: ¿Cómo vinculas la propuesta de Chiviados, con Monumento 2018, el conjunto de obras que mostraste en la Galería KaBe Contemporary de Miami en 2015? lo pregunto porque hay una continuidad en la temática de Dan Flavin, abordada desde otra perspectiva, pero la temática persiste.

HD: En esas obras a las que te refieres el proceso fue distinto, allí hice copias exactas de los tubos de Dan flavin, con maderas exóticas, muy bellas a la vista, fué un trabajo artesanal perfecto, y la idea era recrear la obra de Dan Flavin pero a mi manera, y los puse en los dispositivos para tubos fluorescentes como si fueran los originales, calzan a la perfección pero son de madera. Claro que allí ya hay un interés en reinterpretar la obra de Dan Flavin pero en otro sentido, en Chiviados es mucho más sencillo, más simple.

Sabes que yo soy fanático de los catálogos de ferretería, y descubrí que los tubos fluorescentes y los palos de escoba miden lo mismo 120 cm, eso me dió una idea para incorporar los palos por los tubos, así voy trabajando las ideas.

FG: De un tiempo para acá tu trabajo cada vez prescinde más y más de la tecnología, a finales de los 80 y hasta bien entrados los 2000, el uso del video, así como otros recursos tecnológicos, fueron frecuentes en tu obra. ¿A qué se debe esa vuelta al objeto desnudo, ese desuso de la tecnología?

HD: Realmente no se trata de una vuelta, ya que en principio lo mío fué el video, desde finales de los 80 hasta entrados los 2000, trabajé con video, pero hubo varias razones por las cuales desistí de seguir usándolo.

Primero al principio eran muy pocos los artistas que trabajaban con video, en esa época en los 80 y 90 era muy costoso tener equipos de video y yo tuve el privilegio de trabajar en video desde el principio de mi carrera artística, yo trabajaba con una productora de cine y video y tenía las cámaras, lo cual era una gran ventaja. Pero con el tiempo, cuando se hizo muy accesible el tener cámaras de video, mucha gente comenzó a trabajar con video y eso me desmotivó, le perdí el gusto, sentí que era como hacer más de lo mismo.

Por otro lado el cambio de lo analógico a lo digital llevó todo un proceso, que simplemente no me interesó y lo dejé, llegué a un punto donde lo fui dejando hasta prescindir completamente de él.

También está el tema de que la tecnología con el pasar del tiempo se va volviendo obsoleta, afectando las obras, por ejemplo preservar las obras en video hechas en los 80 o 90 con los monitores de aquella época, resulta muy complejo, porque sencillamente no encuentras cómo hacerlo, la tecnología con la que fueron hechos ya no existe, los monitores de tubos, no hay repuestos ni técnicos, para muchos conservadores de museos es un reto muy complejo preservar este tipo de obras en un formato que depende de una tecnología en desuso, ese es el problema con la tecnología, que cuando pierde vigencia eso afecta a las obras.

Hace poco mostré en el Museo de arte Contemporáneo de Barcelona (2016), todas estas obras en video de los 80 y los 90, y creo que se mostraron por última vez, por eso esa exposición para mí fué muy importante. Se trata de obras que se muestran y después se desmontan y no sabes si volverán a funcionar la próxima vez, repararlas es muy complejo, si es que se puede hacer. Recuerda que son obras escultóricas, no sólo el video, es todo un montaje que depende de varios recursos tecnológicos, que si fallan afectan la obra.

En muchos de los museos y salas que conservan estas obras, a lo largo de los años me han llamado varias veces para hacerles reparaciones, y para planificar la manera de respaldarlas en formatos digitales actualizados, pero igual llegará un momento en que no se podrá hacer más nada, claro son cosas en las que no se piensa cuando uno es joven y quiere hacer una obra a la medida de la época, pero son cosas que viéndolas en retrospectiva, tienen su peso y un nivel de frustración.

Ahora trabajo con los ready mades y la fotografía.

No temeré mal alguno, MACBA 2016, José A. Hernández Diez con su obra Annabel Lee, 1988. Foto de Ricard Cugat

FG: Hubo algo que me llamó mucho la atención en Chiviados, y es la imagen del obrero fabricando los cabos de madera, dentro del contexto de la muestra, evidentemente es una reminiscencia a la confección de objetos utilitarios en la era post industrial, sin embargo está como yuxtapuesta al imaginario del artista trabajando en su taller. ¿Cuál es la historia detrás de esta imagen?

HD: Si esa foto la conseguí en internet, y es una paradoja porque se muestra ese trabajo artesanal, de obreros trabajando en un taller y sin embargo yo no tengo taller, nunca he tenido taller, no me considero un artista de taller,  no se mi generación como que siempre trabajó de otra forma, yo resuelvo todo desde el papel, tengo las ideas, las trabajo y busco quien me haga las cosas, yo practicamente no tengo contacto con las cosas, sólo para darles ese toque de que estén donde deben estar, pero no soy un artista artesanal para nada. Siempre he buscado gente que me resuelva todo, afortunadamente he contado con personas muy profesionales, quienes me han ayudado mucho.

Ahora eso no quiere decir que no haya quienes trabajan así, y tengan un taller, por ejemplo los artistas cinéticos crearon escuelas con sus talleres, recuerdo que en Venezuela se formaron talleres de gente que trabaja el acrílico mejor que nadie en el mundo, Cruz Diez, Soto y los cinéticos posteriores crearon una gran escuela de las que muchos artistas nos hemos beneficiado, otro grupo de gente que hacían cosas maravillosas eran los que trabajaban con soldadura en acero. Muchas veces cuando viajé a mostrar en el exterior se asombraban de la calidad de los trabajos.

Cuando voy a exponer, le digo a la galería lo que necesito, ellos se encargan de todo y le doy el toque final, pero es un proceso en el que intervengo muy poco.

Incluso cuando trabajé en video me interesaba hacer ciertos registros y ya, nada de encuadres ni lenguaje cinematográfico, algo muy puntual y listo, armaba mi obra y así es como siempre he trabajado.

FG:  En esta etapa de tu trabajo se evidencia un mayor interés por lo social, incluso en lo sociológico, sin embargo ¿dónde quedó tu interés en el tema religioso? lo pregunto porque en etapas anteriores de tu trabajo, hay un paralelismo donde lo social y lo religioso van de la mano, pero ahora ese elemento religioso se ha borrado prácticamente, ¿a qué se debe esto?

HD: Creo que con el tiempo me he autoconvencido de mi ateísmo, antes trabajé con el tema religioso, más por la iconografía cultural, fuí criado en colegio de curas, en una familia católica, fuí monaguillo y siempre recuerdo cuando le llevaba al cura las hostias para que las bendijera antes de la misa, las imágenes de las iglesias, son cosas que forman parte de mi ideario cultural personal. pero yo me considero ateo.

FG: Pero ¿ateo que no crees en la iglesia católica o que no crees en la divinidad?

HD: Ateo, ateo, no creo en nada, si hay algo espiritual en mí, asumo que es parte de un proceso sicológico químico, más nada, soy darwinista, jejeje. Y esa aclaración interna en no creer, en ser ateo poco a poco me hizo ir eliminando esos elementos en mi trabajo, sin embargo se conservan algunas cosas, sobre todo como parte de la iconografía más no religiosa propiamente, más bien como elementos culturales.

FG: ¿De dónde se nutre tu trabajo, qué escritores, pensadores, poetas, artistas, filósofos o personajes te inspiran? Una vez te escuché decir que lo mejor para los artistas es rodearse de gente ajena al arte.

HD: Ciertamente creo que es así, yo tengo cada vez menos amigos artistas. Yo realmente comencé vinculado al mundo de la música y de allí vino mi interés por el arte. Creo que me nutro del arte mismo.

En mis años de juventud me marcó mucho la banda Sonic Youth, nunca me interesó el rock porque era un género que ya estaba establecido, siempre me interesó lo que estaba hacia la periferia como el Cyberpunk.

Un libro que me marcó mucho fue Crash, de J. G .Ballard, sus ideas del futuro y los vínculos del ser humano con la tecnología, sus ideas de re definir el cuerpo humano con la tecnología, lo cyborg y la manipulación genética, me resultaron muy reveladoras, son cosas que siempre tengo presente. Al igual que el mundo de la moda, me inspira mucho, el mundo de los deportes, he hecho obras basadas en zapatillas de marcas, patinetas de chicharrón (tocino), ese mundo me interesa mucho, y como ya te lo mencioné soy fanático de los catálogos de ferretería, siempre los reviso y encuentro novedades y cosas muy interesantes.

FG: Hablando de otra cosa, ya entrando en el tema del arte contemporáneo, ¿cómo se sitúa Hernández Diez en el contexto del arte europeo? me refiero como artista latinoamericano.

HD: Nunca he sentido que soy un latinoamericano en Europa, yo vine a vivir a Barcelona por varias razones y circunstancias, no porque desde Venezuela no pudiese proyectarme internacionalmente como artista. De hecho comencé a trabajar en Barcelona porque una curadora me visitó en Caracas y se interesó en mi trabajo, y así comencé a darme a conocer internacionalmente, terminé viéndome obligado por las circunstancias, los cambios políticos y todo eso.

En el caso de las generaciones anteriores a la mía, los artistas tenían que trasladarse a los centros del arte y hacer sus obras allí, como el caso de los cinéticos en París, en mi época los curadores comienzan a moverse y buscar nuevos artistas y yo fuí uno de esos afortunados.

Siempre me he sentido parte de una misma generación de artistas a nivel mundial, y nunca me han discriminado por ser venezolano, yo me considero un artista caribeño más que latino, pero igual estamos en un mundo globalizado.

FG: ¿Cómo ves la relación de los curadores con los artistas contemporáneos, es imprescindible o existen otras alternativas?  

HD: Mira creo que ese es el sistema, los curadores hacen su trabajo y los artistas trabajan con ellos, cada curador es un mundo, tiene su propio estilo, hace sus proyectos de una manera distinta a los demás, son tantas las diferencias que no podría decirlas todas, pero sí creo que es un sistema que funciona y tampoco es que vas a tener a un curador en la nuca como un policía todo el tiempo, se hacen proyectos puntuales y ya, uno sigue trabajando. y si tengo varios amigos curadores, que me han ayudado bastante, ¿te acuerdas de Miguel Miguel? él es uno de ellos. Que si existen otros mecanismos, mira quizás, hoy en día las ferias son muy importantes, también está el hecho de que el mercado ha cambiado mucho y hoy en día hay más curadores que espacios para mostrar, son cosas que los artistas deben asumir y afrontar, incluso hay artistas que son curadores, algo que en mis tiempos de juventud era muy mal visto, es un fenómeno aceptado hoy en día, las cosas cambian.

FG: Dentro de tu carrera artística, ¿ cuáles consideras que son las cosas más importantes que has hecho, en cuanto a exposiciones y proyectos de relevancia?

HD: Mira creo que mi participación en la Bienal de Venecia (1993), fué muy importante, por el momento y lo que estaba pasando, los artistas, estábamos todos juntos, Félix González Torres con su hermosa propuesta de los relojes, estaba Jeff Koons, Matthew Barney, Paul Mccarthy,  había una efervescencia muy fuerte, una atmósfera inolvidable de verdad. A partir de allí me llovieron invitaciones para exponer en muchos sitios, fué un empuje muy importante para mi carrera internacional.

Como un anécdota recuerdo que Miguel Miguel siempre me decía que se debía participar en la Bienal de Venecia antes de los 30 años, yo tenía 29 en ese entonces, estaba en la rayita.

FG: Pero ¿cómo hiciste para participar sino fuiste en representación del pabellón venezolano?

HD: Fui invitado por una curadora de la Bienal Berta Sichel, yo nunca he representado a Venezuela en las Bienales, siempre he ido invitado por los curadores, así pasó en la Bienal de Sao Paulo. Existe la ventaja de que si el curador te invita puedes participar y mostrar tu obra. Pero sí la bienal de Venecia me abrió muchas puertas y conocí mucha gente importante, aparte de que hice muchos amigos. 

Le agradezco mucho al artista y amigo, José Antonio Hernández Diez, por brindarme esta entrevista, permitiéndole a la audiencia de Arte para la Vida, conocer sobre sus últimos trabajos, desde sus propias palabras.

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2 thoughts on ““No me considero un artista de taller”. Conversando con José Antonio Hernández Diez”

  • 1
    Rolando Peña on 11/02/2017

    Excelente entrevista, excelente respuestas de Jose Antonio, sin dudas gran artista de su generación, vi su ultima exposicion en Barcelona, la cual me pareció muy buena, nos vimos y como siempre compartimos momentos lucidos, cálidos, de una gran amistad……Jose Antonio, te mando un fuerte abrazo, y ti Fidel, felicitaciones y saludos.

    • 2
      Fidel Gómez on 12/02/2017

      Saludos Rolando, tratando de hacer un buen trabajo hermano, gracias por tus comentarios, un abrazo, suscríbete al blog para que te lleguen todas nuestras actualidades.

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