“Utilizo las escrituras como presencia y enigma”, conversando con el pintor venezolano Luis Alberto Hernández.

Luis Alberto Hernández, Pour restituer la parole sacrée, París, 2006.

Luis Alberto Hernández es un artista comprometido con el arte, con sus investigaciones y con su búsqueda personal más allá de las modas pasajeras. Quien sin lugar a dudas, ha logrado consolidar una obra de excelente factura y valor estético, a lo largo de 30 años de una carrera que lo ha llevado a exponer en muchos lugares del planeta.

Tengo la fortuna de que seamos amigos, de que haya sido mi profesor de historia del arte, en los años dorados de la escuela de artes visuales Cristóbal Rojas, en Caracas.

Todavía recuerdo nuestras discusiones acaloradas en torno al tema del arte moderno, la postmodernidad y los lenguajes artísticos del momento, y es que siempre fué de esos profesores que van más allá del programa, que busca el pensamiento profundo y la reflexión en los estudiantes, para llevarlos a un estadio extra académico, adentrándose en el espacio de pensamiento creativo.

Luis Alberto siempre fué un hombre de letras, muy estudioso, apasionado lector, y con un talento único para la escritura, algo que logré sacar a flote en esta espléndida entrevista que me concedió, para la audiencia de Arte para la Vida.

Luis Alberto Hernández nació el 15 de noviembre de 1950 en Puerto La Cruz, Edo. Anzoátegui, Venezuela, donde vivió hasta que se trasladó a Caracas a los quince años. Se ha dedicado al estudio de las cuestiones más profundas que han inquietado al alma humana: la filosofía ocultista, las tradiciones espirituales, las experiencias iniciáticas, las religiones, la magia, la alquimia,  la simbolización de lo Divino, el cielo y el infierno como metáforas del bien y el mal; conocimientos éstos que dotaron de contenido espiritual toda su reflexión artística.

A los 18 años inicia estudios de dibujo en el Centro Francisco Pimentel de Caracas, posteriormente realiza estudios, en la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela y en la Escuela de Letras de la misma universidad, en la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas de Caracas, y en el Centro de Enseñanza Gráfica (CEGRA) de Caracas. Participa en cursos de Historia, Crítica y Apreciación Artística e Historia de las Ideas Estéticas en diversas instituciones culturales de Caracas, y asiste a diversos cursos de Teología en el Instituto de Teología para Religiosos (ITER) de Caracas, Venezuela.

En 1987 tiene lugar su primera exposición individual titulada “Poética de lo Sagrado” en la Galería Cuevas de Caracas. Desde entonces ha desarrollado una obra numerosa que ha conseguido trascender las fronteras venezolanas, con exposiciones personales y colectivas presentadas en Inglaterra, Alemania, Francia,  Mónaco, Italia, Suiza, España, Estados Unidos, Los Emiratos de Sharjah y Dubai, Egipto, el Sultanato de Omán, Túnez, Colombia, Cuba y Ecuador.

La propuesta artística de Hernández se adentra en los diferentes modos de expresión de la religiosidad, para desembocar en una metáfora de lo sagrado que él ha convenido en definir como una Poética de lo sagrado. Sus  creaciones se alejan de las concepciones clásicas de la forma en el arte  y se vinculan con la valoración de la emoción religiosa en mayor cercanía con una visión original del mundo, como revelación de lo sagrado, experimentado como un misterio y nunca como un saber.

Su producción artística, expresada a través de pinturas, ensamblajes, instalaciones y libros-objetos es la declaración de una poética personal que se ancla en la espiritualidad con un sentido universal. Signos y símbolos, de diversas culturas como la árabe, la prehispánica, la cristiana, la hebrea, o provenientes de la alquimia, la magia, de la tradición esotérica o de la religiosidad popular se conjugan en  una “sintaxis” que convoca a la unidad esencial, evocando la idea de totalidad de la noción de lo sagrado.

Su última muestra “Poética de la melancolía” se llevó a cabo entre marzo y mayo de este año 2017, en la abadía de Cluny, Francia, donde expuso sus últimas obras, manteniendo esa constante búsqueda por captar y expresar lo sagrado, lo ancestral, con su particular lenguaje visual, cargado de símbolos y escrituras, que nos recuerdan que hay algo más allá de lo aparente.

Sin más preámbulos los dejo con nuestro invitado de honor, Luis Alberto Hernández.

 

Fidel Gómez: Luis Alberto, profesor después de tantos años nos reencontramos y tenemos esta oportunidad de conversar, en esta ocasión sobre tu trabajo artístico, son muchos los buenos recuerdos sobre tus clases de historia del arte, pero me gustaría que habláramos sobre tu aproximación a lo sagrado desde el arte. Sé que es un tema muy importante en tu obra.

Luis Alberto Hernández: Sí, claro; gracias por brindarme la oportunidad de esta conversación, a través de la cual intentaré hilar algunas ideas en torno a la noción de lo sagrado, que puedan propiciar una mejor aproximación a los contenidos de la obra que he venido realizando. 

Como bien sabes, la expresión de lo sagrado ha sido el sujeto y leitmotiv de mi práctica artística. Su valor  simbólico me ha permitido explorar su sentido, apoyado en disciplinas como la filosofía, la antropología, la psicología, la religiosidad y el arte, por supuesto. Quizá sea conveniente subrayar que la expresión de lo sagrado en mi trabajo no está referido sólo a la dimensión litúrgica o de culto, sino que, sobre todo, tiene que ver en cómo las necesidades más profundas de la existencia humana se han relacionado con lo Absoluto.

FG: Si la memoria no me falla en un principio, cuando comienzas el abordaje de lo sagrado desde lo pictórico, por allá a finales de los años 80, los símbolos expresaban un sincretismo entre lo primitivo, lo arcaico, lo religioso, lo mágico y lo precolombino. Con el tiempo esos símbolos se transformaron, para darle paso a una caligrafía cargada de códigos más universales, con referentes de múltiples culturas. Háblame de ese proceso tan interesante ¿cómo se fue gestando ese desarrollo del símbolo en tu obra?

LAH: Las intuiciones iniciales me propusieron un retorno a los orígenes; buscaba las huellas del relato de un tiempo remoto que me permitiera dar respuestas a mis preguntas en torno al tema de la identidad, visto desde la perspectiva religiosa. Lo prehispánico apareció entonces como raíz de lo latinoamericano y a esta suerte de materia original se sumó la de la Conquista, que además acarreo lo africano, dando origen a nuestro bendito mestizaje: esa mezcla cultural y racial basada en la aceptación de la diversidad. De esa preocupación inicial surgieron las metáforas visuales cargadas de connotaciones simbólicas que comenzaron a otorgar una cierta identidad a la obra. Desde entonces me he mantenido girando en torno a lo sagrado, ese misterio supremo e indecible, consciente de que sólo voy a realizar una obra en la vida y me esfuerzo para que sea coherente.  

Por otra parte, la universalidad de esa intuición me ha llevado a centrar el interés en otras culturas. Comprender que estábamos formados por diferentes cauces de la historia, que la multiculturalidad es, en realidad, la verdadera identidad del mundo, me ha llevado a realizar un trabajo abierto a una génesis cosmológica como verdadera posibilidad de identidad; donde las fronteras culturales quedan abolidas, donde todas las culturas son un legado propio, por cuanto son el producto de una percepción del mundo abierta a la Totalidad a la que pertenecemos. Por eso hoy ya no podría hablar de artistas específicos que ejercen influencias sobre mi obra, pero sí de culturas.

Esta necesidad personal de lo diverso, que se extiende por mi obra, puede leerse también como la prolongación de una manera de hacerse el alma colectiva en estas tierras, donde el mestizaje se yergue abierto y prodigioso como un venerable desafío.

Desde la primera mañana, 2005. 180 x 250 cm.

FG: Tu obra indudablemente que está cargada de toda una estética medieval, pasando por el uso del dorado como base pictórica, pero sobretodo hay cosas que remiten a la alquimia, de hecho hay declaraciones tuyas en otras entrevistas donde lo confirmas. Para mí tú eres un alquimista del arte, pero para Luis Alberto ¿cómo es esa relación con la alquimia? ¿lograste producir oro en tu laboratorio-taller?

LAH: Todavía en mi taller conservo algunos trabajos que son como un muestrario pavoroso, terrible, que indica cuál fue el punto de partida… En términos alquímicos podríamos hablar de la nigredo: esa fase que señala el inicio del trabajo de la transmutación de los metales “Viles”, en este caso, constituido por mis angustias, miedos y terrores. Jung estableció una relación entre las etapas del proceso de individuación de la persona humana y las operaciones sucesivas de la Obra Alquímica; la transmutación de los metales correspondía al progresivo mejoramiento del ser. Esas obras iniciales fueron la manera como pude dar forma a un fantasma gigantesco que me acosaba.

La alquimia, que se sustentaba en la filosofía hermética, era también una vía iniciática donde el oro espiritual representaba un estado superior del alma en búsqueda de nexos con lo Supremo. Esta es la vía en que se ha desarrollado mi trabajo: un arte alquímico que busca establecer alianzas entre nuestras pequeñeces y el infinito. De allí el énfasis en toda esa carga simbólica enraizada en el más remoto pasado de la humanidad, donde cristalizan potencias arquetípicas que pueden contribuir a movilizar el alma humana. En ello estoy implicado sin más alternativa que la de afianzar la voluntad de encontrar mi propia Piedra Filosofal en una época más bien descreída.

Luis Alberto Hernández

FG: Luis Alberto primero fue “La poética de lo sagrado”, propuesta expositiva itinerante que duró unos cuantos años rodando por Europa, si mal no recuerdo comenzó en Alemania, después viajó a España, Francia. Y ahora muestras “La poética de la melancolía”, y la presentas en la Abadía de Cluny (Francia). Cuéntame ¿cómo se vinculan ambas propuestas o en qué se diferencian?

LAH:Poética de lo sagrado” fue el título que le di a mi primera exposición individual, realizada a finales de los ’80. Veinte años más tarde, nombré de igual manera el proyecto itinerante a que aludes; ese trabajo se presentó en el Museo Haus Völken und Kulturen, en Sankt Augustin, Alemania; en el Museo de Arte de Gerona, en España, y en La UNESCO, en París. Fue una manera de volver sobre mis propios pasos para revisar los folios que había venido acumulando en el tiempo y así constatar su coherencia. Porque una poética es el conjunto de principios, de modos de realización que sustentan una práctica artística. Ello implica la elección de ciertos códigos que pueden ser formales, temáticos, conceptuales, etc., que afirman la identidad a una obra. En este sentido, “Para una Poética de lo Sagrado”, ha  sido la manera como he podido aludir, a través de formas y objetos simbólicos, a los distintos modos cómo lo numinoso se ha revelado en la cultura espiritual del hombre. Ha sido una poética interesada en los problemas fundamentales de la existencia humana: Dios, la vida, la muerte, la trascendencia del espíritu…Una reflexión que entraña la necesidad de interpelarme a partir de las grandes preguntas que han inquietado al hombre desde siempre: qué somos, de dónde venimos, a dónde vamos, qué significa el vivir y el morir, qué son el bien y el mal para el hombre.

Por otro lado, “Poética de la melancolía”, que se exhibió en la Abadía de Cluny durante los meses de marzo y mayo del presente año (2017), es un conjunto de pinturas e instalaciones recientes donde abordé uno de los temas fundamentales, que ha ocupado a las distintas formas de la creación artística a través del tiempo. Trabajé a partir del pensamiento del teólogo italiano Romano Guardini, quien afirmaba que el significado más profundo de la melancolía es de carácter espiritual. En este sentido, “Poética de la melancolía” no es, por tanto, un proyecto diferente en mi investigación. Allí no se aborda el tema de la melancolía, desde los límites que las prácticas clínicas o psicológicas han dado al término, sino desde la necesidad íntima que habita el alma melancólica: su necesidad de Absoluto.

Digamos que ha sido una manera de explorar el sujeto de mi trabajo desde otra perspectiva, para constatar finalmente que esta indagación, siempre circular, se reafirma en su necesidad de interrogar los códigos apilados por las civilizaciones, las culturas y las religiones, acerca del más hondo sentido de la existencia en su relación con lo que la trasciende.  

FG: ¿Qué representa para ti lo caligráfico? analizando tu producción pictórica he notado que haces uso de diversas lenguas, de manera muy libre, pueden verse escrituras en hebreo, en español, el árabe. Háblame un poco de este tema tan recurrente en tu propuesta.

LAH: Utilizo las escrituras como presencia y enigma. Son caligrafías imaginarias que se esparcen por la obra sin fronteras ni limitaciones temporales para aludir a las necesidades de sacralidad de algunas culturas religiosas del mundo. Ellas proponen sentir lo escrito en lugar de pronunciarlo; al no tener ninguna atadura con la verdad anatómica del signo desplazan su significado más allá del sentido de las palabras. Devienen símbolos.

Lo importante de estos pentagramas escriturales no es su posibilidad de relatar, de nombrar, sino el hecho de que están allí, exhibiendo su poder: conducir al espectador más allá del mundo sensorial en una travesía que le lleve a despertar las emociones que pueden experimentarse ante la evocación de un fragmento de la memoria espiritual de la humanidad.

Del libro de los secretos. 2009. 122 x 122 cm.

FG: Últimamente te has autodefinido como un nómada incorregible, has visitado muchos lugares en todo el mundo, viviendo experiencias profundamente enriquecedoras, de todas esas vivencias ¿podrías mencionar las más inolvidables e importantes?

LAH: Ciertamente, desde hace ya veintisiete años he venido moviéndome por el mundo en una travesía que me ha llevado reiteradas veces de Venezuela a Europa, Asia, África, y otra vez América, como repitiendo en la realidad el simbolismo de la circularidad del viaje interior… El mundo de la práctica artística hoy obliga a vincularnos a otros escenarios de mayor nivel de confrontación, nos obliga a una mejor y mayor información; las referencias son múltiples y las organizaciones cada vez más complejas. Lamentablemente el comportamiento cultural venezolano hasta ahora no ha sabido favorecer la proyección de las creaciones de los artistas nacionales, ni la capacitación de éstos en el manejo de estrategias gerenciales para tales fines. Las opciones de participación internacional en las artes visuales cada vez más nos exige actitudes emprendedoras decisivas, basadas en el conocimiento de la realidad, para poder diseñar estrategias metodológicas que permitan insertar nuestras creaciones en el complejo entramado de la cultura plástica universal con verdadera integridad profesional: única posibilidad de establecer un diálogo adecuado con los sectores que conforman el sistema de las artes visuales, más allá de la estrechez de nuestros propios límites. Estos desplazamientos me abrieron de una manera definitiva a la heterogeneidad, a las yuxtaposiciones culturales. Y ese nomadismo, que convirtió  mi experiencia de viaje en estrategia de indagación artística, comenzó a determinar la gramática de mi lenguaje. El resultado de esta errancia, que a otros niveles conserva el significado sagrado del peregrinaje, terminó reafirmando muchas de las ideas artísticas y conceptuales con las cuales había venido trabajando.

Pero no todo ha sido rosas… Siempre estuve consciente de que el camino que había elegido era espinoso; sin embargo, por ese entrenamiento en la dificultad en que vivimos permanentemente en nuestra “Tierra de Gracia”, he podido dar forma artística a mis preocupaciones existenciales, al margen de las tendencias y las modas. Este esfuerzo ha sido compensado por el reconocimiento de algunas instituciones culturales del mundo que han acogido mis proyectos.

He vivido muchos instantes inolvidables a lo largo de estos años; pero no quiero hacer de esta conversación un catálogo de esas experiencias, me limitaré a señalar muy brevemente tres momentos significativos: El primero de ellos fue “The World’s Longest Painting” realizado en Dubái, en el año 1999, donde me tocó ser el representante por Latinoamérica. Este evento reunió a más de 100 artistas del mundo que pusieron sus trabajos al servicio de la Asociación Médicos sin Fronteras. El evento buscaba recaudar fondos destinados a la ayuda humanitaria de niños de El Cairo, Ruanda, Afganistán y Bolivia. En esa oportunidad tuve la dicha de trabajar en el desierto, al lado del maestro Robert Rauschenberg.   

Otra experiencia significativa fue la culminación del proyecto itinerante “Poética de lo sagrado” que presentamos en París en enero de 2002; más de cien obras en tres salas de La UNESCO. En esa oportunidad Tania de Toledo, directora de proyectos de la División de Artes Visuales, seleccionó la obra “Para iniciar la ceremonia”, para formar parte de la colección de la institución. Años después,  en 2010, si mal no recuerdo, durante una visita casual al Castillo de Chenonceau, me encontré con la gratísima sorpresa de  que esa obra se había estado exhibiendo durante todo el verano de ese año, en la exposición  “L’UNESCO s’expose à Chenonceau”. En esa oportunidad tuve el honor de estar al lado de grandes maestros como Le Corbusier, Vasarely y Josep Guinovart, entre otros. “Sorpresas te da la vida”.

Quizá señalar también que “El Libro de los Orígenes” (1992), rechazado en su momento por la Dirección del Museo de Bellas Artes de Caracas, hoy en día forma parte de la colección de “Libros de Artista” de la Biblioteca de Alejandría, en Egipto, junto con otros tres de mis Libros. Estos son sólo tres momentos de una larga lista de experiencias extraordinarias que he vivido durante toda esta andadura.

En la mezquita de Kairuán, Túnez, 2007.

FG: Hay algo que siempre me ha llamado la atención en tu propuesta artística, es esa vinculación que haces entre lo ancestral y lo sagrado, más allá de las religiones como entes institucionalizados, más bien apoyándote en la idea de la experiencia humana ante lo divino. ¿De dónde vienen estas ideas o de dónde se nutren?

LAH: Toda experiencia religiosa, cualquiera sea la base desde la que se eleve, tiene siempre lo sagrado como unidad esencial. La intuición de lo sagrado anida en el espíritu humano desde la remota noche de los tiempos; es el anhelo supremo de salvar el abismo que significa la soledad cósmica repitiéndose permanentemente en los arquetipos del alma colectiva. Sin embargo, aunque lo sagrado constituye la unidad esencial de toda manifestación de la religiosidad,  no significa que exista como algo idéntico en todas partes, ese misterio varía de una a otra cultura; en consecuencia, no es sentido, percibido, expresado o vivido de la misma manera por las diferentes culturas. Cada pueblo tiene su historia en el curso de la cual se ha relacionado con lo sagrado de una manera propia. Porque esta necesidad de lo trascendente no se concibe más que en relación con las carencias espirituales y las aspiraciones compensatorias de lo humano.  

Es en esa experiencia perenne del ser humano donde me he detenido. Desde allí he venido configurando una suerte de filosofía visual que vincula el arte con la religiosidad para proponer la posibilidad  de una obra donde lo estético y lo conceptual sugieren algo más que lo visible.

FG: ¿Cuáles son las lecturas más importantes y necesarias para Luis Alberto Hernández? mira que sé que eres un lector empedernido.

LAH: Como te señalé antes, mi pensamiento visual se ha venido configurando a partir del acercamiento a diversas disciplinas. Han sido muchas las lecturas que me han forjado, pero la etapa de la universidad fue decisiva. En la Escuela de Artes pude relacionarme con conceptos, teorías o autores que me ayudaron a iniciar la construcción de la visión del mundo que hoy revela mi trabajo. Fue allí donde descubrí a autores como Rudolf Otto, Mircea Eliade, Salvador Paniker, o Carl Gustav Jung, entre otros, quienes fueron pilares fundamentales de mi investigación.

FG: Profesor cuéntame algo, de todas tus experiencias, de tus viajes, tus exposiciones y proyectos, ¿cuál o cuáles consideras que han marcado un antes y un después en tu carrera?

LAH: Sin ningún lugar a dudas, “La Danza de la Muerte”: un performance que acompañó la presentación del proyecto “Poética de lo Sagrado” en  el Museo de Arte de Gerona, durante el verano de 2001. Una interesante adaptación de Ferran Frauca, a partir de una manifestación teatral que se realizaba en el medioevo en Cataluña. El evento estuvo concebido como una intervención del espacio público, y buscaba vincular a los dos lugares donde se desarrollaba la exposición.  

Se realizó un sábado a mediodía y como todos los fines de semana  las calles de la vieja ciudad estuvieron repletas de gente que iba y venía… Y de nuevo, luego de siglos de olvido, la muerte y su cortejo (representada por los actores de El Galliner) volvieron a descender por las calles de la ciudad en una larga procesión, llevándose a su paso a todos los poderes de la ciudad: el usurero, la novia, el capitán, la burguesa, el rey, el médico, el juez y el obispo, volviendo a ejercer la seducción en su renovado tránsito por las calles hasta completar el recorrido y realizar la ceremonia final. Fue inevitable que el hechizo alcanzara a los presentes: más de doscientas personas siguieron la procesión durante dos horas desde el Museo hasta la Casa de Cultura, hasta que, ya caída la tarde, todo comenzó a desvanecerse y la vida en la ciudad de Gerona retomó su lugar.

A partir de aquel performance, la ciudad consideró la posibilidad de formalizar la representación de la “Danza de la Muerte” en su verdadera dimensión, convirtiéndola en una de las manifestaciones de la Semana Santa, que era la fecha en que se hacía en Cataluña durante el medioevo. El evento se estuvo escenificando durante los ocho años siguientes hasta que, al parecer por falta de presupuesto, la representación dejó de realizarse.  

FG: Siempre se te ve con una cámara. Sobre todo en tus viajes, ¿Cómo te ayuda la fotografía en ese proceso vivencial? ¿Qué te interesa registrar y documentar?

LAH: Para un artista, palpar la realidad sensiblemente significa situarse en el instante mismo del inicio de la creación. Intuye que hasta en el hecho más insignificante hay mensajes ocultos desafiandonos permanentemente. Para aspirar a captarlos es preciso penetrar sus secretos, presentes hasta en las cosas más humildes de la realidad. Por ello la sensibilidad despierta de un artista busca registrar esos pedazos del mundo que la realidad ofrece; sabe que esos fragmentos retornarán un día en forma de expresión creadora para reflejar sobre la realidad las resonancias que atesoran.  

Esta certeza anima mis itinerarios, que siguen el contorno de una trama de relaciones. Rutas entrelazadas en tiempos y espacios distintos, que me han vinculado con una serie de significados y encuentros transculturales que me esfuerzo en interpretar. Porque no constituyen revelaciones sino atisbos de senderos que pueden conducir hacia el sujeto que habita el fondo de mi obra.  

La Danza de la Muerte. Intervención del espacio público durante la presentación de la exposición “Poética de lo Sagrado”, Gerona, España 2001.

FG: ¿En qué cree Luis Alberto Hernández, de dónde se nutren tus procesos creativos?

LAH: En medio de la precariedad, mi familia se había venido desarrollando dentro de un particular sistema religioso basado en una concepción mágica del mundo, a partir del cual eran realizados casi todos los eventos de la vida cotidiana. Había un sentido ritual oculto en todos los actos realizados, que inconscientemente renovaba el precepto de promover una noción de eternidad que reafirmara la necesidad de vinculación con lo elevado, la misma que ha sido y será siempre para todos los pueblos de la tierra. Así crecí, sumergido en ese universo mágico sostenido por la llama de lo atesorado por las voces remotas de la tradición. Y aunque esa experiencia religiosa, fundada en los lejanos días de la infancia, no era distinta a la que podía vivir un niño en cualquier otro lugar de la provincia, donde lo sagrado era sentido, percibido, expresado o vivido más o menos de la misma manera, el caudal de esa memoria se fue configurando como el eco de una nostalgia mayor que despertó en mí un deseo de retomar del mundo sus dimensiones más profundamente humana y trascendente.

De esta actitud ante a lo sagrado, vivida con una actitud devocional, se derivaron sentimientos de veneración, encantamiento y humildad ante la realidad. Este asidero me brinda un cierto cobijo ante el vaciamiento de la crisis de civilización a que asistimos. Empujado por esa fuerza que habita dentro de mí como algo íntimo, he puesto mis creaciones al servicio de ese algo indecible, en el intento de ofrecer una obra donde al menos se pueda  presentir la profundidad de esa fuerza suprema que colma al mundo. 

FG: ¿En qué consiste para ti el acto de crear una obra de arte?

LAH: Para mí, crear es siempre un viaje hacia la noche, un itinerario que propone angustias y dolores; sin programas que reverencien el egoísmo o la genialidad. Es como un inmenso estar solo, muy solo… Un girar despacio apegado a lo indecible, para que la noche confirme la asombrosa posibilidad de la imaginación. Ahondar en esa noche me somete a tensiones terriblemente intensas, como si se tratara de un ejercicio sacrificial. Pero es aquí donde salva la oración, pues, en el fondo, toda pintura es oración.

Es esto lo que hace de la realización de una obra de arte una experiencia única e irrepetible. Para ello es indispensable el sosiego o la turbación interior que otorgue a la obra el impulso que le da vida; es la condición que necesito para emprender el desafío de adentrarme en esa otra realidad. Porque se trata de pasar del estado ordinario de la percepción habitual al de situación artística: ese momento de abandono en que la revelación puede ocurrir; ese instante en que, como en un estado de gracia, tu Ser asiste a su punto máximo de libertad; sumergido en su propia Nada, en comunión con lo esencial. Tu Ser optando por las necesidades del alma; dejándose llevar por el propio ritmo del corazón, con todos los riesgos que esta decisión implica y presupone… Y aquí ya no hay más elección que reflejar tu trayectoria espiritual y humana en lo que hagas. Después, probablemente, aparecerán el cansancio y la depresión.

Pero no es posible saber con certeza adónde habrá de conducirme esa imagen que se erigió dentro de mí, vaga, nebulosa, asediándome en busca de su propio cauce para existir. A tientas trato de darle apariencia visible, sugerente, de la significación que intuyo; pueden transcurrir días, semanas, meses, y hasta años, tratando en vano de resolverla. Muchas veces la abandono a su propia gestación en las aguas inconscientes, ese depósito de las experiencias acumuladas. Reposará en la densidad de esa quietud para retornar un día; entonces, con temor, recorreré de nuevo ese abismo callado que me reclama, dejándome guiar por una fuerza poderosa sobre la cual no tengo ninguna voluntad… Es así, con puntadas de intuición, con temores, devoción e inocencia como comienzo a entretejer la obra. Para el universo de lo mitológico es de nuevo la eterna pretensión humana de repetir el milagro de la Creación.

Mandala (Instalación). Museo de Arte de Gerona, España 2001.

FG: Háblame de ti en tu taller, ¿cómo abordas el acto creativo?

LAH: Tengo mi propia liturgia… Mi taller es un campo de energías donde el acto de pintar es al mismo tiempo una meditación en movimiento; ese espacio íntimo es un lugar de ritos en donde, como un oficiante, realizo mis ceremonias de creación. Para ello preciso recrear una atmósfera que haga propiciatorio el tránsito hacia la zona de sombras donde germina la obra, y allí es donde el incienso aporta sus perfumes. Esos vapores aromáticos tienen un poder excepcional para purificar el ambiente; influyen en mi estado de ánimo y en mis pensamientos, me ayudan a evocar ideas y recuerdos… Son una fuerza inspiradora que puede contribuir a hacer posible realizaciones extraordinarias. Esta práctica es semejante a ciertos principios mágicos del chamanismo, que utiliza la quema de hierbas como ofrenda para propiciar la plegaria y la meditación.

Encender una vela en el taller es también un ritual favorable al trabajo espiritual que es mi práctica artística. Las velas actúan como instrumentos mágicos que ayudan a sosegar la ansiedad y calmar los temores en mis luchas con la noche oscura de la creación. Mediante este rito  invoco energías que puedan regresarme a los deseos más recónditos para resolver asuntos inconclusos. Ese fuego de las velas es la luz que ilumina el sendero que habré de transitar, y el foco de meditación que acompaña mis gestos para proponer la verdad íntima de mi trabajo, esa que lo habita y constituye su impulso y su más hondo sentido.  

En el taller.

FG: Luis hay algo que siempre me ha llamado mucho la atención de tu personalidad, ¿por qué siempre vistes de negro, tiene algo que ver con tu obra? Y disculpa la curiosidad, pero ya que estamos en confianza, aprovecho para preguntarte.

LAH: No  fue una elección arbitraria. Tampoco tengo claro en qué momento comenzó. Un buen día abrí el closet de mi cuarto para descubrir con asombro que toda mi ropa se había vuelto negra. La tradición le ha otorgado a este color significaciones asociadas con la muerte, la oscuridad, el mal, el duelo, la tristeza… No cabe duda que culturalmente el negro es el color que más se asocia con lo enigmático o lo desconocido. Sin embargo, en la vestimenta religiosa el color negro más bien hace referencia a la modestia, a la discreción; simboliza un estado de permanente sacrificio y también la anticipación de un verdadero nacimiento.

En una oportunidad, el escritor Gabriel Jiménez Emán, se refirió a este tema de una manera que me resultó esclarecedora. Decía que el negro en mi vestimenta era una necesidad de integración a la propia obra… Quizá sea cierto; en todo caso, no fue una decisión consciente. En realidad existen muchas evidencias que sugieren la proyección de la obra en mi vida cotidiana. Mi casa, poblada de símbolos, es un espacio de devociones que en un sentido arquetipal repite la importancia de la santidad primordial de la casa. Como en todo espacio ceremonial allí atesoramos la presencia magnífica de un altar donde se honra a los dioses y ancestros; vasijas para las ofrendas, lámparas de aceite permanentemente encendidas, piedras oraculares, agua bendita, esencias, perfumes, y toda una serie diversa de objetos del culto y de la fe: símbolos acumulados por la costumbre para atender al ritual y las creencias del imaginario religioso, expresión profunda de la naturaleza humana. Es innegable que mi predilección por lo misterioso tiene su correlato en el deseo inconsciente de integración entre arte y vida.

FG: Luis Alberto ¿qué le aconsejarías a los artistas que están comenzando en el arte? Me refiero a ¿cómo lograr consolidar una obra seria y con propuestas estéticas profundas?

LAH: Tradicionalmente, la función de un profesor de arte se limitaba a desarrollar la destreza manual y visual de los alumnos que aprendían a dibujar formas precisas y a copiar correctamente aspectos técnicos. En nuestros días la educación de la creatividad no sólo debe dejarse a merced de la adquisición de aptitudes manuales; debe incluir además, una sólida formación conceptual y el estímulo constante del impulso natural que habita en los jóvenes, para favorecer las posibilidades de exploración por caminos pocos usuales de creación. Hoy en día, pensar, hablar, o escribir son tan importantes para el desarrollo de una obra, como el hacer.

Pero no hay recetas mágicas en esto. Un verdadero profesor debe formular las preguntas adecuadas que le ayuden a avivar las intuiciones que habrán de conducir hasta la obra personal. Es el artista quien lleva sobre sus hombros el desafío de hacerse a sí mismo. La tarea de crear un estilo personal no se consigue de la noche a la mañana; es una tarea difícil que requiere mucho tiempo de experimentación; me refiero a la capacidad de pensar, de desarrollar ideas y conceptos propios que justifiquen su creación. Porque de lo que se trata es de definir tu propia personalidad, al margen de lo que  el medio propone. Encontrar las respuestas correctas no es fácil, pero de ello depende sentirnos bien con el arte que creamos.  A veces se puede caer en la tentación de emular lo que hacen otros, sobre todo en esas etapas iniciales. Pero hay que esforzarse por desarrollar la propia personalidad, confiar en nuestras fuerzas, en nuestra pasión, estudiando, trabajando… Es cierto que ayuda conocer el trabajo de otros artistas, pero lo verdaderamente imprescindible es conocernos a nosotros mismos para aprender a interpretar nuestras intuiciones. El viejo adagio alquímico nos recuerda: “Lee, lee, relee, trabaja y hallarás”.  

El artista en su estudio. San José de los Altos, Venezuela, 2012.

FG: Hay un tema que siempre he considerado vital, y me gustaría conocer tu opinión al respecto. Cuando se habla de educación artística, generalmente se habla de que hay dos aproximaciones desde el docente hacia el alumno, enseñar técnicas por un lado, pero por el otro lado está el enseñar experiencias. ¿Cuál de las dos aproximaciones te parece más apropiada? Toco este tema porque sé que has ejercido la docencia por mucho tiempo, de hecho nos conocimos hace unos cuantos años en esa experiencia, tú como docente y yo como alumno.

LAH: Se sabe que la acumulación de fenómenos, hechos y datos, no es lo que provoca aprendizaje en los jóvenes estudiantes de arte: este sólo se produce cuando ese conjunto de experiencias le aporta elementos referenciales que puedan incidir en su práctica artística llevándolo a alcanzar resultados superiores. Porque la experiencia no consiste sólo en hacer, sino que es también una fuerza en movimiento que supone cambios y es la base del pensamiento reflexivo, investigativo.

Estos procesos reflexivos son posibles y necesarios durante la práctica del oficio. Pero el desarrollo de una persona no puede entenderse fuera de la cultura a la que pertenece. Hoy en día las nuevas tecnologías no sólo han pasado a formar parte de los mecanismos de producción de la cultura, sino también de sus mecanismos de comunicación, de difusión y de educación. De allí que la apropiación de esas experiencias sean hoy uno de los grandes desafíos para los artistas emergentes; pero no sólo como recurso didáctico, sino como forma de creación contemporánea y sobre todo, como vehículo de difusión y comunicación.

De los diálogos mayores, 2011. 80 x 100 cm.

FG: Luís te agradezco mucho el que te hayas tomado el tiempo de brindarle esta entrevista a la comunidad de Arte para la Vida, estoy plenamente convencido de que todo lo aquí conversado, representará un beneficio para los profesionales del mundo del arte, te deseo que sigas cosechando éxitos, sobretodo que ese espíritu investigador y creador no cese jamás.

LAH: Gracias a tí Fidel y sigue adelante con este proyecto de Arte para la Vida.

 

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2 thoughts on ““Utilizo las escrituras como presencia y enigma”, conversando con el pintor venezolano Luis Alberto Hernández.”

  • 1
    Ulises roman on 15/05/2017

    Increíble las obras de este artista las combinaciones del lenguaje Plastico con la escritura y con los símbolos es algo de no creerse esta genial

    • 2
      Fidel Gómez on 15/05/2017

      Así es Ulises, gracias por compartir tus impresiones y experiencias, el trabajo de Luís Alberto Hernández se sale de aquello que vemos con frecuencia, se trata de un tipo de arte con una gran carga conceptual, maestría en su realización, y obedece a una investigación muy profunda y seria que ya lleva más de 30 años. El arduo trabajo da sus frutos y aquí vemos los resultados, arte verdadero, usando palabras de los críticos de arte. Te sugiero que te suscribas al blog para que te lleguen a tu bandeja de email todas las actualizaciones de Arte para la Vida, un abrazo, te deseo mucha felicidad, éxitos y prosperidad.

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